Josep María Romaguera i Bach. Diócesis de Barcelona
Josep María Romaguera i Bach. Diócesis de Barcelona
En esta escena se pone de manifiesto claramente cual es la realeza de Jesús, cual es su mesianismo, para qué lo ha “elegido” el Padre: su entrega total es la máxima expresión del amor misericordioso del Padre, como anticipaba la parábola (Lc 15,11ss). Jesús es el centro de nuestras vidas: Él ofrece el Reino de Dios a tota la humanidad y se ofrece él mismo como referente, como Aquél a quien podemos seguir para formar parte de este “Reino”.
Josep María Romaguera i Bach. Diócesis de Barcelona
Ahora no es el momento de preocuparse de si esto se acaba o no se acaba. Es tiempo de seguir a Jesús, no de buscar las seguridades en la Ley (Lc 10,25ss) o en el dinero y las posesiones (Lc 18,18ss). Es tiempo “de dar testimonio”. Es tiempo de confiar que Jesús no abandona nunca al discípulo en el camino. Es tiempo de acoger la salvación, que se nos da hoy, no al final: Anda y haz tú lo mismo que aquel samaritano (Lc 10,37); vende todo cuanto tienes y distribúyelo a los pobres –y tendrás un tesoro en el cielo–; luego, ven y sígueme (Lc 18,22).
Josep María Romaguera i Bach. Diócesis de Barcelona
Josep María Romaguera i Bach. Diócesis de Barcelona
El 2 de noviembre, a continuación de la fiesta de todos los santos y santas, la Iglesia lo dedica al recuerdo de todas las personas que han muerto. Nos unimos en la oración alrededor de una realidad común a todos.
El calendario litúrgico propone escoger tres lecturas del leccionario de difuntos. Josep María nos propone el siguiente evangelio:
Evangelio según Juan (14,1-6)
Josep María Romaguera i Bach. Diócesis de Barcelona
La fiesta de Todos los Santos (1 de noviembre) nos hace mirar hacia el final del camino que hemos emprendido como discípulos de Jesucristo: la gloria del cielo. Y la contemplamos convencidos de que esta gloria es un regalo. Creemos que una multitud de hermanos nuestros la viven por siempre. Y ello nos estimula a seguir a Jesús muy de cerca, seguros de que su camino de muerte y resurrección conduce a la casa del Padre. Y de que es un camino lleno de alegría y de felicidad.