Estudio de Evangelio ¿Que esconde Dios a los “sabios y entendidos”?

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Estudio de Evangelio – 14DTO-A

26-07-05

Preguntamos al evangelio de Mateo

¿Que esconde Dios a los “sabios y entendidos”?

¿Cuales son esos misterios y secretos de su Reino que esconde a los sabios y entendidos?

¿Que condiciones hay que tener (cultivar) para que se nos revelen esos misterios y secretos?

  

"Te doy gracias, Padre... porque has revelado estas cosas a la gente sencilla"

Mateo 11,25-30

 

  1. Nos ponemos en presencia de Dios

Hoy no comenzamos estudiando un texto. Comenzamos entrando en la oración de Jesús. Mateo nos abre una ventana privilegiada al corazón de Cristo. Jesús habla con su Padre. No discute con Él por el rechazo de muchos, ni se lamenta del aparente fracaso de su misión. Da gracias.

También nosotros queremos entrar en este diálogo. Traemos al encuentro con Dios los rostros de quienes hoy están cansados y agobiados: quienes buscan trabajo sin encontrarlo, quienes viven la precariedad, quienes sostienen cuidados invisibles, quienes sufren soledad, enfermedad, ansiedad o depresión, quienes se sienten descartados por la sociedad o incluso por la Iglesia.

Con ellos queremos escuchar hoy a Jesús.

Oramos:

Padre bueno,

enséñanos a mirar la vida con los ojos de Jesús.

Líbranos de la soberbia que todo lo sabe.

Danos un corazón sencillo para reconocer

tu presencia entre los pequeños.

 

Que tu Espíritu abra nuestros oídos,

para escuchar hoy tu Palabra

y descubrir dónde sigue naciendo tu Reino.

Amén.

Tambien podemos escuchar esta canción: 260705 VENID A MÍ, deja el miedo atrás

 

  1. Miramos a Jesús

Jesús acaba de comprobar que muchas personas, especialmente quienes poseen el saber religioso, no aceptan su mensaje. Sin embargo, lejos de sentirse derrotado, descubre la acción del Padre precisamente allí donde nadie esperaba encontrarla.

El Reino está creciendo.

Pero no donde muchos pensaban.

Está creciendo entre la gente sencilla.

Los protagonistas del Reino no son quienes acumulan conocimientos religiosos, sino quienes tienen el corazón disponible para dejarse transformar.

Por eso Jesús bendice al Padre.

No porque unos queden excluidos.

Sino porque Dios ha elegido comenzar por quienes el mundo considera pequeños.

 

  1. ¿Qué son "estas cosas" que Dios revela?

Cuando Jesús dice: "Has escondido estas cosas a sabios y entendidos..."

¿De qué está hablando?

Si leemos todo el Evangelio de Mateo descubrimos que "estas cosas" no son secretos reservados para unos pocos. Son el misterio mismo de Jesús y del Reino.

 

Entre ellas encontramos:

 

El verdadero rostro de Dios

No un juez distante. Sino un Padre que ama, perdona, busca y espera. Un Padre que hace salir el sol sobre buenos y malos.

 

La verdadera identidad de Jesús

Los expertos ven solamente al hijo del carpintero. Los sencillos descubren al Hijo amado del Padre. Reconocen en Él al Mesías humilde anunciado por Zacarías: "Mira a tu Rey que viene a ti,humilde, montado en un borrico."No viene imponiendo. Viene sirviendo.

 

El Reino de Dios

No es un poder político. No es dominio. No es prestigio. Es la fuerza silenciosa del amor que transforma la historia desde abajo.

Es la levadura.

La semilla.

La sal.

La misericordia.

 

El verdadero descanso

Los fariseos habían convertido la Ley en una carga. Jesús devuelve la Ley a su origen: el amor.

Su yugo no oprime. Libera.

Su autoridad no pesa. Sostiene.

 

El camino hacia Dios

No se compra. No se merece. No se conquista. Se recibe. Todo comienza acogiendo el amor gratuito del Padre.

 

  1. ¿Qué esconden los "sabios y entendidos"?

No porque Dios quiera ocultarse. Sino porque existe una forma de vivir que incapacita para reconocer su presencia.

El problema no es la inteligencia. Jesús nunca critica el conocimiento. Critica el corazón cerrado.

Los "sabios" del Evangelio representan a quienes:

  • creen que ya poseen toda la verdad;
  • reducen la fe a normas;
  • buscan seguridades antes que conversión;
  • conocen mucho de Dios, pero hablan poco con Él;
  • juzgan antes de escuchar;
  • ponen cargas sobre los demás que ellos mismos no llevan;
  • no necesitan convertirse porque ya se consideran justos.

El Reino permanece oculto para quien ya cree haberlo comprendido todo.

 

  1. ¿Qué condiciones permiten descubrir los secretos del Reino?

No se trata de tener menos estudios. Se trata de tener otro corazón. Jesús habla continuamente de estas actitudes.

  • Un corazón sencillo: Capaz de dejarse sorprender. Capaz de aprender. Capaz de escuchar.
  • Humildad: Aceptar que Dios siempre es mayor que nuestras ideas.
  • Pobreza de espíritu: Saber que necesitamos ser salvados.
  • Confianza filial: Llamar a Dios "Padre". Como hace Jesús. Como hacen los hijos.
  • Misericordia: Quien experimenta misericordia comprende mejor el Reino.
  • Disponibilidad: Estar dispuesto a cambiar. A dejar seguridades. A caminar.
  • Cercanía a los pequeños: Jesús descubre al Padre caminando con quienes sufren. Quien se aleja de los pobres termina alejándose también del Reino.

 

  1. Volvemos a la vida (Revisión de Vida)

Ahora dejamos que el Evangelio ilumine nuestra semana.

 

VER

  • ¿Quiénes son hoy "los pequeños" a quienes Dios sigue revelando su Reino?
  • ¿He descubierto esta semana algún gesto sencillo donde Dios estaba actuando?
  • ¿Qué personas sencillas me han evangelizado últimamente?
  • ¿Dónde he encontrado cansancio y agobio en mi familia, trabajo, barrio o comunidad?

 

JUZGAR

  • ¿Me parezco más a los sencillos que escuchan o a los sabios que creen saberlo todo?
  • ¿Hay alguna seguridad, prestigio o autosuficiencia que me impida escuchar a Dios?
  • ¿Mi fe libera o carga a quienes tengo cerca?
  • ¿Descubro a Jesús en los trabajadores precarios, las personas migrantes, quienes cuidan, quienes viven con enfermedad mental, quienes están desempleados o descartados?

 

ACTUAR

  • ¿Qué gesto concreto puedo realizar esta semana para aliviar el cansancio de alguien?
  • ¿Cómo puedo hacer que mi comunidad sea lugar de descanso y no de nuevas cargas?
  • ¿A quién necesito escuchar más?
  • ¿Qué significa hoy para mí "cargar con el yugo de Jesús"?

 

  1. Terminamos hablando con Jesús

 

Jesús,

hoy queremos entrar en tu oración.

Enséñanos a llamar Padre a Dios

con la misma confianza con que Tú lo haces.

 

Haznos sencillos,

capaces de descubrir tu Reino

allí donde otros no miran.

 

Líbranos de la soberbia religiosa,

de creer que ya lo sabemos todo.

Haznos discípulos de corazón humilde.

 

Que aprendamos de Ti

a sostener a quienes viven cansados y agobiados.

Que nuestra comunidad

sea descanso para quien llega herido.

 

Que nuestras manos

alivien cargas.

Que nuestras palabras

den esperanza.

Y que nuestra vida revele,

como la tuya,

el rostro bueno del Padre.

Amén.

 

 

 

Un secreto más del Reino:  

Dios nunca llama a caminar en solitario

Hay un aspecto del Evangelio que con frecuencia pasa desapercibido. Los secretos del Reino no sólo se revelan a personas sencillas; se revelan también a un pueblo de sencillos. La experiencia de Dios nunca queda reducida al ámbito íntimo o individual. Es profundamente personal, pero nunca aislada.

Basta recorrer el Evangelio de Mateo para descubrirlo. Jesús llama a los Doce para formar comunidad (Mt 10,1-4); los envía de dos en dos (cf. Mc 6,7; Lc 10,1); cuando una familia le dice que su madre y sus hermanos le buscan, responde señalando a quienes hacen la voluntad del Padre (Mt 12,46-50); promete hacerse presente donde dos o tres se reúnen en su nombre (Mt 18,20); invita a corregirse, perdonarse, sostenerse y orar juntos. El Reino siempre tiene rostro de fraternidad.

Quizá este sea uno de los secretos que los "sabios y entendidos" no lograron comprender. Pensaban que la salvación era una conquista individual, basada en el cumplimiento personal de la Ley. Jesús, en cambio, inaugura una nueva familia, una comunidad de hermanos y hermanas que aprenden juntos el Evangelio, comparten la vida, sostienen las cargas de los demás y buscan unidos la voluntad del Padre.

También hoy éste sigue siendo un gran desafío para la Iglesia. En una sociedad marcada por el individualismo, Jesús continúa llamándonos a crear pequeñas comunidades, grupos de revisión de vida, movimientos apostólicos, fraternidades, comunidades parroquiales vivas, donde podamos escucharnos, discernir juntos, compartir la fe, revisar la vida a la luz del Evangelio y sostenernos mutuamente en la misión.

Nadie puede llevar solo el yugo del Evangelio. El yugo de Jesús es ligero precisamente porque se lleva entre varios, porque el Espíritu hace de nosotros un solo cuerpo. Allí donde dos o tres oran, comparten la vida y sirven juntos a los pobres, el Reino vuelve a hacerse visible.

 

Los demás textos de este domingo iluminan el mismo camino

Toda la liturgia de este domingo converge en esta misma experiencia del Reino.

Zacarías (9,9-10) nos presenta al Mesías humilde, que no entra montado en caballos de guerra, sino sobre un borrico. Su fuerza no es la violencia, sino la mansedumbre; no conquista imponiéndose, sino acercándose. El Reino comienza desde abajo.

El Salmo 144 canta a un Dios "clemente y misericordioso, lento a la ira y rico en amor", que sostiene a quienes caen, levanta a los abatidos y permanece fiel a todas sus promesas. El Señorío de Dios no oprime: sostiene.

Romanos (8,9.11-13) recuerda que el cristiano no vive impulsado por el egoísmo ni por la autosuficiencia, sino por el Espíritu que habita en nosotros. Ese Espíritu nos hace vivir como hijos e hijas y nos introduce en la misma relación filial que Jesús mantiene con el Padre.

Y el Evangelio de Mateo culmina esta revelación invitándonos a descansar en Jesús y a aprender de su corazón manso y humilde. El Reino se descubre cuando dejamos de apoyarnos en nuestras seguridades y aprendemos a vivir como hijos, hermanos y hermanas.

 

Un camino recorrido por los grandes testigos del Evangelio

Este misterio ha sido acogido a lo largo de la historia por quienes hicieron de la sencillez su verdadera sabiduría.

San Francisco de Asís descubrió que sólo quien se hace pequeño puede llamar hermano al pobre, al leproso, a la creación y al mismo Dios.

Santa Teresa de Jesús enseñó que la verdadera oración desemboca siempre en el amor concreto a las hermanas y en la construcción de comunidades fraternas.

San Juan de la Cruz comprendió que el camino hacia la unión con Dios pasa por el despojo del orgullo y por el aprendizaje silencioso del amor.

San Ignacio de Loyola mostró que el discernimiento del Espíritu no es sólo una búsqueda personal, sino también eclesial y apostólica, al servicio de la misión compartida.

Antonio Chevrier encontró a Cristo contemplando el pesebre, la cruz y el sagrario, para formar sacerdotes pobres que evangelizaran desde la cercanía a los más humildes.

Joseph Cardijn descubrió que los jóvenes trabajadores no eran únicamente destinatarios del Evangelio: eran sujetos de evangelización. Por eso propuso reunirse, revisar la vida y descubrir juntos la acción de Dios en el mundo obrero.

Guillermo Rovirosa comprendió que el Evangelio sólo transforma el mundo cuando genera militantes que viven en comunidad, se forman, oran y comparten la vida con la clase trabajadora.

Y Tomás Malagón recordó una y otra vez que la espiritualidad cristiana no consiste en huir del mundo, sino en descubrir al Espíritu actuando en la historia, en el trabajo, en las organizaciones humanas y en las pequeñas comunidades que sostienen la esperanza.

Todos ellos, desde caminos muy distintos, coinciden en una misma intuición: los secretos del Reino no se aprenden en primer lugar en los libros, sino viviendo con Jesús, compartiendo la vida con los pequeños y dejándose conducir por el Espíritu dentro de una comunidad creyente.