Josep María Romaguera i Bach. Diócesis de Barcelona
Pauta para el Estudio de Evangelio personal o compartido en grupo
1. Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer
2. Anoto algunos hechos vividos esta última semana
3. Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo
4. Anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho... La gente de nuestro entorno (personas concretas del trabajo, de la facultad, de la escalera, de entre las amistades...), ¿por dónde busca la presencia de Dios? ¿Qué testimonio les damos nosotros, “militantes cristianos”, de que Él está en la vida?
5. Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor... ¿Qué aporta este evangelio sobre las iglesias donde nos reunimos cada uno de nosotros? ¿Nos dice algo sobre cómo tienen que ser nuestras reuniones (eucaristías, revisiones de vida...)?
6. Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)
7. Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...
Notas por si hacen falta
Notas sobre esta fiesta de nombre “extraño”
- La catedral de Roma no es San Pedro del Vaticano sino la basílica de San Juan de Letrán. San Pedro es el lugar en donde se venera la tumba del apóstol Pedro, pero la sede del obispo de Roma es Letrán.
- Todas las diócesis tienen el día del aniversario de su catedral. Es como celebrar el aniversario de la propia diócesis. Pero, normalmente, es una fiesta que pasa desapercibida (probablemente muchas de las personas que están leyendo esto nunca han celebrado la “dedicación de la catedral” de su diócesis).
- Desde hace siglos que toda la Iglesia se añade a la diócesis de Roma cuando celebra esta fiesta. No por ningún centralismo romano sino para expresar la comunión de todas las iglesias.
- Cuando el día 9 cae en domingo, esta fiesta pasa por delante de la liturgia del domingo 32º.
- En cualquier caso, Aprovechemos el evangelio que escucharemos este domingo cuando entremos a una iglesia a celebrar la Eucaristía: tiene mucho jugo.
Notas sobre el templo de Jerusalén y otras cuestiones
- En tiempo de Jesús, el templo de Jerusalén (13-14) era un complejo de atrios y edificios, rodeado de una muralla con diversas puertas, y de un conjunto de pórticos. Entre las dependencias estaba el tesoro del templo, lugar donde se recogían las ofrendas en metálico (Mc 12,41; Lc 21,1), y la sala de reuniones del Sanedrín. El gran patio exterior (llamado «atrio de los gentiles») era accesible a quienes no eran judíos. Más allá del muro de separación, al cual sólo podían acceder los judíos, había el atrio de las mujeres, el de los hombres o de Israel y el de los sacerdotes; en este último estaba el altar de los holocaustos y el santuario propiamente dicho. El templo de Jerusalén era el símbolo principal de la presencia de Dios en medio de su pueblo.
- En el templo Jesús se ponía a enseñar (Jn 7,14; Mt 26,55). Según su propuesta, el culto a Dios es interior, comporta ofrecer la propia existencia (Rm 12,1) y tiene que ser hecho en espíritu y en verdad (Jn 4,23). Los cristianos somos templos del Espíritu Santo (1Co 6,19; 2Co 6,16).
- Los animales y los “cambistas de monedas” (14-16): Son los animales destinados a los sacrificios –las palomas eran la ofrenda de los pobres (Lv 5,7)–; “los cambistas” eran necesarios porque los donativos en metálico o cualquier transacción comercial tenían que ser hechos en una moneda especial y no en cualquiera de las monedas de uso corriente.
- En el libro del profeta Zacarías encontramos palabras que resuenan en las de Jesús (16): aquel día desaparecerán todos los traficantes del Templo del Señor del universo (Za 14,21). Y de lo que “se acordaron” (17) los discípulos está en el libro de los Salmos (Sl 69[68],10).
- En griego, el verbo traducido aquí por “levantar” (19) se usa también para hablar de “resucitar” (22).
- “El templo ... era su propio cuerpo” (21): En el evangelio según Juan, el término “cuerpo” sólo aparece otra vez para hablar del cadáver de Jesús (19,31.38.40; 20,12). San Pablo usa “cuerpo” como hablando de «persona viviente» (Rm 8,23; 1Co 6,19), y habla de la Iglesia como cuerpo de Cristo, formado por diferentes miembros y enriquecido por los diversos carismas (Rm 12,4-5; 1Co 12,12-27). El pan de la eucaristía es el cuerpo de Cristo (Mt 26,26; Mc 14,22; Lc 22,19; 1Co 11,24), y participar en este pan significa edificar la Iglesia (1Co 10,17).
Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio
- El gesto de Jesús (15-16) es una acción simbólica al estilo de los profetas. Expresa su desacuerdo con el abuso de los comerciantes y los cambistas instalados en el atrio de los gentiles (Za 14,21). Y recuerda que el “templo” había sido hecho para ser el lugar de una verdadera relación con Dios (16) y que no puede ser manipulado por los intereses económicos de nadie. Este gesto profético nunca le fue perdonado por quienes se habían apoderado del templo para convertirlo en “mercado”. Fue causa de su condena (Mt 26,61).
- Pero el gesto de Jesús no se refiere sólo al aspecto mercantil que ha adquirido la religión. Es una “señal” (18) de la novedad que viene de Dios: el viejo sistema religioso (el sacrificio de animales en el templo) se acabó. A partir de ahora sabemos que a Dios no tenemos que ganárnoslo, que en la muerte y resurrección de Jesucristo se nos ha dado Él mismo y que está presente en la vida, al alcance de cualquiera que quiera acogerlo. También sabemos que se trata de un Dios que no es para usar y tirar, y que no nos lo podemos hacer a medida, sino un Dios comprometido con la vida. Y seguirle (=creer en él) pasa por el compromiso con esta misma vida.
- “Destruid este Templo, y en tres días yo lo levantaré de nuevo” (19) se refiere a la muerte y resurrección (22). Por tanto, desde ahora el verdadero “templo” de Dios es Jesús, la presencia de Dios en el mundo se da en Él, el camino (Jn 14,4-6) hacia “el Padre” (16). Y el encuentro con Dios pasa por el encuentro con aquellos con quienes Jesús se identifica: los pobres concretos, el prójimo, su Cuerpo que es la Iglesia.
- Desde esta perspectiva, una iglesia de piedra, lugar donde nos reunimos los cristianos, tiene que estar vacía de aquello que Jesús echó de Jerusalén. Y nunca tiene que pretender encarcelar la presencia de Dios en él. Al contrario: tiene que recordar que Dios está en la vida, en el día a día de la gente. Y todo lo que hacemos dentro –los sacramentos– tiene que servir siempre para tomar conciencia de que a Dios lo podemos encontrar en la vida, en los acontecimientos, en las personas, sobre todo en las más pobres... Y una comunidad cristiana, una Iglesia, tiene que dar testimonio de ello.