CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS - 2 DE NOVIEMBRE 2025

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Josep María Romaguera i Bach. Diócesis de Barcelona

El 2 de noviembre, a continuación de la fiesta de todos los santos y santas, la Iglesia lo dedica al recuerdo de todas las personas que han muerto. Nos unimos en la oración alrededor de una realidad común a todos.

El calendario litúrgico propone escoger tres lecturas del leccionario de difuntos. Josep María nos propone el siguiente evangelio:

Evangelio según Juan (14,1-6)

1 No estéis angustiados. Confiad en Dios y confiad también en mí. 2 En la casa de mi Padre hay lugar para todos; de no ser así, ya os lo habría dicho; ahora voy a prepararos ese lugar. 3 Una vez que me haya ido y os haya preparado el lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que podáis estar donde esté yo. 4Y ya sabéis el camino para ir a donde yo voy.
5 Tomás replicó:
–Pero, Señor, no sabemos a dónde vas, ¿Cómo vamos a saber el camino?
6 Jesús le dijo:
–Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar hasta el Padre si no es por mí.

 Pauta para el Estudio de Evangelio personal o compartido en grupo

1. Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer

2. Anoto algunos hechos vividos esta última semana

3. Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo

4. Anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho... La fe en la Resurrección de Jesús, ¿Cómo marca mi vida concreta de cada día? ¿Cómo marca la vida de los/as cristianos/as que tengo cerca?

5. Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor... ¿Cómo me sitúo ante la muerte: la de los demás y la mía propia?

6. Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)

7. Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

Notas por si hacen falta

Notas sobre este día dedicado a todos los fieles difuntos

 

  • El 2 de noviembre, a continuación de la fiesta de todos los santos y santas, la Iglesia lo dedica al recuerdo de todas las personas que han muerto. Popularmente se han mezclado los contenidos de las dos celebraciones. Pero celebramos acentos diferentes de la misma fe. La de ayer era una fiesta dedicada al testimonio del Evangelio, a celebrar que son muchas las personas que han dado y dan la vida por amor, en seguimiento de Jesús. Hoy hacemos memoria de los difuntos. Es decir, afrontamos la realidad de la muerte que vamos experimentando, no sólo en personas que hemos conocido y amado cuando vivían con nosotros, sino en muchas otras. La Iglesia las recuerda a todas. Nos unimos en la oración alrededor de una realidad común a todos.
  • Recordamos a personas que han muerto y oramos por ellas porque creemos que Cristo ha resucitado. Y que su resurrección es ofrecida a todo el mundo. Y ello hace que estemos en comunión con las personas, sobre todo con las más pobres, ahora, en esta vida, y también cuando la muerte nos ha separado.
  • Oramos por los difuntos expresando el deseo de que (ellos y, también, nosotros) vivan por siempre la vida que el Resucitado ha ofrecido a todos. Y que la vivan con todos los santos y santas. Somos conscientes de que ellos y nosotros somos pobres ante Dios, de que la resurrección es un don y de que, como tal, tenemos que esperarlo y desearlo con las manos abiertas, como el pobre que pide: sólo así lo podremos recibir.
  • No es seguro que, cuando vayamos a misa este día, encontremos el texto de esta hoja (Jn 14,1-6), ya que la liturgia de este día 2 de noviembre ofrece diversidad de textos, a escoger.

 Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio

 

  • El diálogo que nos ofrece este texto forma parte de la despedida entre Jesús y los discípulos que nos presenta el evangelista Juan. Una despedida que comienza con el lavatorio de los pies del capítulo 13 y llega hasta el 17.
  • Estos capítulos tienen la forma de un discurso, aunque haya algunos momentos, como éste, que son dialogados. Discursos de despedida encontramos en otros escritos bíblicos y del judaísmo. Son una manera de dar relieve a un personaje importante, el cual, antes de morir, reúne a su familia y les dice como tienen que afrontar lo que les tocará vivir. Utilizando este género literario, el evangelista describe el anuncio de su muerte inmediata que hace Jesús, la interpreta y, consecuentemente a esta interpretación, instruye a los discípulos, a su familia –hijos míos (Jn 13,33)–, sobre como tienen que afrontar la nueva etapa: Os doy un mandamiento nuevo (Jn 13,34).
  • Un discurso de despedida permite que las palabras del personaje importante, en este caso Jesús, sean leídas más tarde por otros discípulos. Es decir, las palabras de Jesús son dirigidas a todas las generaciones de creyentes, no sólo a los que han compartido la cena con Él (Jn 13,2). El mensaje central de estos capítulos, un mensaje que llega hasta nosotros y es para nosotros, lo podemos formular así: sólo amando podremos vencer a la muerte.
  • “No estéis angustiados” (1): Jesús, pasando por la muerte, se va. Pero los discípulos, a través de la fe en Dios, mantendrán la relación personal con Él. La muerte no es una ruptura definitiva.
  • La muerte provoca duda, inquietud. Es una experiencia de finitud que nos hace pensar que todo termina. Jesús anuncia que esto no será así. Los discípulos, más adelante, podrán vivir la experiencia contraria: el Espíritu Santo hará presente a Jesús, muerto y resucitado (Jn 14,16-17.26).
  • “En la casa de mi Padre hay lugar para todos” (2). Esta traducción de lo que literalmente diría que “hay muchas estancias”, apunta bien el sentido: Jesús da la buena noticia –el evangelio– de que el Padre es muy generoso y de que en su casa hay abundancia de su salvación. Para toda persona que la quiera.
  • Jesús es el Hijo que va a la casa del Padre (3) i se queda ahí para siempre (Jn 8,35). Su pretensión de que “podáis estar donde esté yo” (3) no indica un espacio físico, sino una relación personal, como la que existe entre el Padre y el Hijo (Jn 8,29). Si en el trasfondo de este “lugar” está la imagen del templo, del santuario, que tenía sus límites, ahora, el nuevo “lugar” es Jesús, el Hijo, el nuevo santuario: todo el mundo cabe en él.
  • A la luz de otras páginas de san Juan, podemos leer mejor el v. 6: Jesús es el camino (Jn 10,9) que lleva al Padre, ya que él mismo es la verdad (Jn 8,32; 18,37) y la vida (Jn 5,26; 10,28).