"Encarnación de un capellan en hospital Psiquiátrico"

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ENCARNACIÓN DE UN CAPELLÁN EN EL HOSPITAL PSIQUIÁTRICO

A partir de algunos Hechos (HV) recogidos en el Cuaderno de Vida (CV), me propongo hacer un breve recorrido sobre el sentido y significado de mi presencia en el Hospital Psiquiátrico (HP) de Alava en Vitoria del que soy capellán desde hace siete años. 

27.10.19. Inicio de la Capellanía en el Hospital Psiquiátrico

         Esta mañana, por primera vez, me he hecho presente en el HP. El vicario de la zona (Preci) me ha acompañado para hacer el relevo como capellán en este centro. Tras un ínterin sin capellán, y ya con el nombramiento oficial para ejercer como tal, Preci me ha guiado hasta llegar al local multiusos donde se celebra la Misa dominical.  Desde la entrada principal y por todo el camino hasta llegar al lugar de la celebración, varios residentes se han acercado a saludar a Preci y él me ha presentado como el nuevo capellán. Ya en el salón, nos encontramos con Tere que ya tenía todo preparado y dispuesto para la celebración. Según van llegando los feligreses, Preci me los presenta y nos saludamos.  Celebración en un clima muy cercano y participativo.    

A destacar de este hecho la cercanía de Preci a los asistentes, la acogida y el cariño mostrado por los feligreses, la participación en las lecturas, las preces y la distribución de la comunión. Y resaltar particularmente la presencia y extraordinaria labor ministerial de Tere, una madre de familia, que desde hace años viene prestando gratis et amore este servicio de acoger a los asistentes y de tener preparado el altar para cuando llega el sacerdote. Lo más significativo de este HV es precisamente esta persona, Tere. ¿Qué le lleva a Tere a prestar este ministerio? Tere acompañó durante bastante tiempo a un familiar que estuvo residiendo en este centro, y después ha seguido acudiendo al HP todos los domingos. Tere conoce a todos y cada uno de los que acuden habitualmente a la Misa y es una auténtica diaconisa. Tere, esposa y madre, saca tiempo además para otras tareas de acompañamiento a algún discapacitado y presta algunos servicios en su parroquia. La figura de Tere me hace pensar en todas esas personas anónimas, cirineos de personas que cargan hoy con pesadas cruces como pueden ser los residentes en este HP.

Cipri y Ricardo se dan la Paz.

“Amad a vuestros enemigos” (Mt 5,44): Esta es la consigna de Jesús en el evangelio de este domingo (VII TO A). Sobre ello he hablado en la homilía de la Misa de hoy. Al terminar la Oración de los fieles, pregunto si alguien quiere añadir alguna petición. Cipri levanta la mano y dice… Ricardo y yo nos llevamos mal y peleamos con frecuencia. Yo quiero darle la mano en este momento y hacer las paces con él. Ricardo, que estaba junto a él, se dio la vuelta y, dándole la espalda, se resiste a darle la mano. Los más “conscientes” del momento le animan a Ricardo a corresponder al gesto de paz del compañero y, ante tal “presión comunitaria”, Ricardo accede y los dos se estrechan la mano.

El HV es así de elocuente, y refleja lo que en la convivencia diaria hay de peleas menores y de confrontación. Y, sobre todo, este HV evidencia cuánto nos cuesta aceptar las disculpas de quien nos las pide y de pedir también nosotros disculpas, tratando de superar esas pequeñas o no tan pequeñas diferencias y rivalidades. Nos dio pie este gesto/affaire para recordar las palabras de Jesús: “Si cuando vas a presentar la ofrenda en el altar te acuerdas de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí mismo tu ofrenda ante el altar y vete a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda” (Mt 5,23-24).

 

Llegó el Vis a Vis esperado

Esta tarde me he entrevistado con dos pacientes del HP. Este Hecho no tiene mayor importancia sino es porque, con los de hoy son ya ocho los rostros de personas concretas con las que he tenido ocasión de encontrarme este mes: Rosa, Luis, Edurne, Carmina, Blanquita, Pedro, JC y JR.                                                                                                                  

Hace tiempo que deseaba llegar a esta fase de mi presencia en el HP. No deja de ser sorprendente que, precisamente ahora, con las restricciones de la pandemia, se me haya requerido para, con las medidas de protección exigidas, contactar con algunos internos que han manifestado su deseo de entrevistarse con el capellán. Con el visto bueno de la dirección y la mediación del trabajador social, llegó el día tan esperado del contacto vis a vis.                                                                           De los ocho entrevistados hasta ahora, más de la mitad, ya reconocía pues solían acudir a la Misa dominical. En todas estas personas con sus nombres y apellidos, a pesar de las mascarillas y las distancias requeridas, he podido percibir más de cerca su situación de discapacidad mental, y aislamiento social que padecen. Mención especial merecen quienes acompañan asistencial y profesionalmente a estos pacientes.                                                                                                                          He percibido con más nitidez la voz de Jesús que en el Evangelio del domingo pasado, fiesta de Cristo Rey, nos recordaba: “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis” Mt 25, 31ss.

 

La Misa y la Comunión en el Hospital Psiquiátrico.

Las restricciones motivadas por la pandemia del Covid 19 han derivado en la supresión de la Misa dominical. Tras varios contactos con la Dirección, hemos vuelto a celebrar la Eucaristía, al menos una vez al mes, coincidiendo con alguna fiesta señalada en el calendario litúrgico. Ha descendido considerablemente el aforo de asistencia a las mismas. Entre los asistentes habituales a esta Misa son varios los pacientes que periódicamente se entrevistan conmigo (HV anterior).   

Si traigo hoy este HV no es sólo por lo que de positivo están suponiendo estos encuentros tanto para mí, como para ellos. Hay algo más hondo, desde el punto de visto eucarístico, que quiero resaltar en este hecho.

Por una parte, las personas que han solicitado entrevistarse con el capellán, ya eran personas conocidas pues eran asiduas a la misa dominical. Ello pone de manifiesto que para estas personas (y sin duda para otras que no han tenido ocasión de expresarlo) algo les dice la Misa y, por supuesto, el sacerdote que la preside. En el diálogo con los pacientes es frecuente por su parte la referencia a su primera comunión, al lugar donde se celebró y el nombre del sacerdote.

Hay, además, otro aspecto no menos significativo relacionado con la Eucaristía: varios de los entrevistados me han pedido a ver si les puedo llevar la comunión, solicitud a la que gustosamente he accedido. El clima y sentido hondo que acompaña este “sacramental”, es verdaderamente gratificante para ellos y para mí. Ocasión propicia para dar gracias a Dios por el alivio y paz interior que estos pacientes van encontrando por esta presencia callada y oculta del Jesús eucarístico que llega a hacerse presente, por mi pobre mediación, en estos enfermos tan vulnerables y olvidados.

  

A MODO DE SÍNTESIS

 Dejarnos convertir por el misterio de la Encarnación es el Objetivo general del Prado para el quinquenio 2023-2028.

Puedo afirmar con sencillez y agradecimiento que esta presencia en el HP ha sido para mí ocasión propicia para actualizar y vivir con un poco más de realismo el misterio de la Encarnación. Las entrevistas personalizadas en el HP son ocasión propicia para descubrir la presencia de Jesús encarnado en el rostro doliente de los pobres entre los pobres.   

En el vis a vis de esta tarde he encontrado a los entrevistados más bajos de forma que lo habitual. NN… apenas ha levantado la cabeza, y todo el rato ha estado con su retahíla sobre su difunta madre de la que no se separa día y noche. NN… con la “mente” un poquito más despejada… dando vueltas al tema recurrente de “experiencias” del pasado no tan gratas… responde con bastante lógica a mis preguntas y recibe con unción la comunión que expresamente me pidió llevarle. NN… se queda mirándome fijamente cuando hablo y responde a mis preguntas derivando la respuesta a sus pronósticos sobre el tiempo y a una lista detallada de verduras y hortalizas. NN… lleva una temporada muy bajo de forma: “me anda rondando el demonio y me atormenta”; sufre mucho con estas ensoñaciones y, como es muy religioso, trato de aliviarle rezando juntos y confortándole con la comunión que también recibe con gran sentimiento.

Dentro de la enorme discapacidad, en todas estas personas se percibe en la recámara un piloto intermitente que por momentos destella chispitas de luz. Y todos, de una forma u otra, reiteran el agradecimiento por mi visita.             

En torno a esta realidad hay una serie de personas con las que me encuentro cada vez que voy al HP: Los porteros que están en la garita de entrada, a quienes saludo al entrar y al salir. La recepcionista que me saluda sonriente (o no se entera) cuando llego y/o me voy. El personal de las distintas secciones que me recibe y atiende. Los mismos internos que deambulan por los pasillos y perciben mi presencia, me saludan: “¡Hola, Padre!”.                                                   

Pobres entre los pobres. Esta realidad me cuestiona y conmueve interiormente. Espacio privilegiado para actualizar y vivir el misterio de la Encarnación: “kénosis” y el abajamiento total.                                                                             

Señor, déjame “convertir por el misterio de la Encarnación.”

 

Oración acogiendo el testimonio de Luis Angel:  Señor Jesús, déjame convertirme por tu Encarnación 

Señor Jesús, que pobre te has quedado,

naciendo entre los últimos del mundo,

hoy te encuentro en el rostro más profundo

del hermano que vive abandonado.

 

En su dolor te veo encarnado,

frágil, pequeño, silencioso y hondo;

y al llevarte, descubro que en el fondo

eres Tú quien me espera a cada lado.

 

Como Chevrier, enséñame a conocerte,

a amar al pobre y compartir su suerte,

sin buscar otro honor que tu presencia.

 

Haz de mi vida humilde compañía,

y conviérteme, Señor, cada día,

por el misterio santo de tu Encarnación.

(pplu-18-6-2026)