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Domingo 33º T.O. - A

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Estudio de Evangelio. Javi García López

15 noviembre 2020. Mt 25, 14-30

Tres subrayados de este texto que comparto con alegría y esperanza.
 
1. Dios reparte los talentos, a cada uno según su capacidad
 
 Todas las personas tenemos unos talentos que Dios nos ha regalado, pero la mayoría hemos deseado, alguna vez, tener algunos otros. Esos que casi envidiamos de otras personas o los que pensamos que nos ayudarán en nuestras tareas o aquellos que creemos que nos harían más felices. Puede haber momentos en los que, incluso, podamos pensar que Dios no ha acertado en ese reparto de competencias. Que si me hubiese dado esa capacidad de hacer eso que tanto me cuesta, o de expresarme como ese compañero, o de tener las ideas de esa otra persona…todo sería más fácil. No es verdad.
 
El evangelio nos recuerda que Dios nos da a cada uno según nuestra capacidad. Nos da lo más adecuado para poder ser yo mismo, no otra persona, y para poder amar de verdad. (no en este orden, sino al mismo tiempo). Aceptar mi propia realidad es signo de madurez humana y creyente. Sólo desde una sana autoestima se supera la falsa modestia o la sobrevaloración personal. Porque supone reconocer que Dios me ha dado, nos ha dado, lo más idóneo para poder llevar adelante mi tarea, mi vocación y SU VOLUNTAD. Todo a la vez, porque, conforme avanzamos en la vida, vemos que es lo mismo.  
 
2. Estamos al cargo de los bienes de Dios
 
En el capítulo XI de “Sabiduría de un pobre”, Francisco quema un cesto de mimbre que había hecho con sus manos porque le distraía de la oración. En diálogo con el hermano León le dice que, para seguir la llamada de Dios, la persona se entrega a fondo a su obra, con entusiasmo y pasión. Pero al crear algo le pone su sello, lo marca y lo hace suyo, lo pone en el centro de su vida. Y “le pone en un estado de indisponibilidad radical”.
 
La disponibilidad total de Jesús nace de su conciencia de “que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta” (Jn 5,30). Sin embargo, en medio de nuestra frenética actividad pastoral es fácil que nosotros pensemos que, con todas las horas y el cariño que empleamos, la obra es mía, es nuestra. Incluso en nuestra situación de minoridad o en esta terrible pandemia, vemos destellos de luz que podemos asociar, exclusivamente, a nuestro empeño personal. Pero los talentos no son superpoderes que hacen posible mi-nuestro proyecto. Son los dones que Dios nos regala para no caer en el voluntarismo y poder así reconocer que estoy-estamos trabajando en SU OBRA con una disponibilidad plena.
 
3. Ser fiel en lo poco, ser fiel en lo mucho
 
La fidelidad en este evangelio está asociada a la inversión que se ha hecho de los talentos y a una ganancia. Nuestra respuesta a lo que hemos recibido de Dios nunca puede ser el conformismo y mucho menos la negligencia. La fidelidad es el camino en el que convergen el uso de las propias capacidades con la conciencia de que es Dios quien dirige el timón de la historia. Saber que Dios está detrás de todo nos libera de una presión excesiva para alcanzar un balance de resultados imposible de lograr; poner en juego mis talentos, hacer que produzcan, es un aliciente necesario para seguir caminando: “mantengamos firme la esperanza, porque fiel es El que hizo la promesa” (Heb 10,23).
 
Ser fiel en lo poco, no es ser poco fiel. Supone una entrega total y una inversión de mis dos, tres o cinco talentos de servicio, de amor, de sensibilidad, de profecía, de compasión de misericordia….y poderle entregar la ganancia a su dueño, a nuestro Dios. En su hijo hemos visto SU FIDELIDAD y es quien nos muestra la mejor manera de entrar en el asumir nuevas empresas y entrar en el gozo del Señor.
 
4. En síntesis
 
Aceptar y agradecer los talentos que Dios me-nos da es la mejor manera de gestionar los bienes de Dios y crecer en fidelidad a Él, a la propia vida personal y a la tarea que se nos pide.
 
Javi García Lopez. Diócesis de Bilbao