Tener el Espíritu de Dios, lo es todo

"La pobreza del sacerdote". Mons Alfredo Ancel

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Evangelio del Domingo

Domingo 29º T.O. - C

Propuesta de José María Tortosa Alarcón

CONSTANTES Y FIRMES EN LA ORACIÓN

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Domingo 1º cuaresma -C

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Propuesta de José María Tortosa

UN CAMINO A RECORRER

 

Hace tan sólo cuatro días, con la imposición de la ceniza, iniciábamos el tiempo de Cuaresma con el propósito de ponernos en camino hacia la Pascua. Y, en ese caminar nos dejamos guiar con espíritu de conversión y creyendo en el Dios que perdona y salva, que derrama su gracia y su misericordia sobre nosotros y nosotras.

Pero, con la mirada puesta en la Pascua, no olvidamos que, mientras se llega a ella, hay “un camino a recorrer, la justicia como afán, con la fe en la providencia, siendo obreros del amor”, que nos dice la letra de una canción. La esperanza de la Pascua de Resurrección nos mantiene activos, dinámicos e implicados en nuestros quehaceres diarios, buscando que el Reino de Dios se extienda por todos los sitios, porque es vida y vida en abundancia.

El pueblo escogido confiesa su fe haciendo memoria de su historia para descubrir en ella las maravillas que Dios ha hecho a favor de ellos. Dios hace historia junto con su pueblo, está implicado con ellos, está cerca, con una presencia constante que es necesario descubrir y desarrollar.

Agradecidos a Dios porque escuchó su clamor (Dt 26,4-10) y los libró de la opresión Egipcia, le traen “las primicias de los frutos del suelo”, del que dice A. Pronzato que es como un gesto eucarístico por el reconocimiento de que todo viene de Dios y todo ha de volver a él en alabanza y acción de gracias.

También San Pablo reconoce que nuestra salvación está en profesar con los labios que Jesús es el Señor, y creer con el corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos (Rm 10,8-13). O sea, implica una adhesión total y profunda de la persona, pues se trata de dar testimonio, de proclamar públicamente y con lo más profundo de nuestro ser, convencidos -por experiencia propia- de que Jesús es el Señor, que Jesús es el sentido de mi vida, que Jesús tiene algo que decirnos y algo que decir a nuestra sociedad y al estilo de vida por ella impuesto. Su camino de humillación, abajamiento y amor hasta el extremo es fuente de vida que no se queda encerrada entre cuatro paredes, sino que necesita expandirse como buena semilla.

Ahora bien, esta propuesta que Jesús nos presenta, se verá continuamente tentada, -“el diablo, acabadas las pruebas, se marchó hasta su momento”-, concluye el Evangelio de hoy (Lc 4,1-13). La tentación del triunfo fácil, de la popularidad espectacular, del abuso de poder, de la fuerza, del ir sólo a lo mío olvidando, despreciando a los demás y, especialmente a los empobrecidos, drogadictos, inmigrantes, refugiados, excluidos y marginados, también la sufrió Jesús durante toda su vida y tuvo que tomar opciones poniendo los medios para evitarla y no sucumbir en ella.

No es fácil mantenerse, permanecer en el seguimiento de Cristo, porque ya no hay un ambiente facilitador para ello, ni es algo que suponga privilegios (¡gracias a Dios!) o esté bien visto, sino que más bien es una opción muy particular y personal que se ha de vivir en profundidad (“con la boca y con el corazón”), en pequeñas comunidades insertadas en la vida diaria, en pequeños grupos, con la conciencia clara de que tienen algo interesante que ofrecer y vivir, con coherencia y radicalidad. Y, al vivirla así, puede que nos expongamos a la crítica, al rechazo, la burla y la incomprensión entre otros “peligros”. Mantenernos aquí, es fruto del Espíritu, que habita en nosotros y nos empuja a un discernimiento constante (desierto) para no caer en la tentación. No en vano, rezamos en el Padre Nuestro, “no nos dejes caer en la tentación, líbranos del mal”. De la tentación y del mal que nos acecha por doquier y que espera su momento si no estamos verdaderamente ubicados y convencidos de lo que queremos y creemos.

José Mª Tortosa Alarcón. Sacerdote en la Diócesis de Guadix-Baza

 

PREGUNTAS:

  1. ¿Qué ha sido y qué es Dios para nosotros?
  2. ¿Qué tentaciones amenazan nuestra vida de fe? ¿Qué hago para superarlas?
  3. Gesto para toda la Cuaresma: Prepara un camino con un inicio y un final; añade, cada domingo, lo que la Palabra de Dios te ilumina en el caminar. ¿Qué desiertos y qué tentaciones aparecen en mi camino?